Crisis de refugiados:  ¿dar un pescado o enseñar a pescar?

Hace semanas que en Europa no se habla de otra cosa.   Miles y miles de refugiados procedentes de Siria rebotados de un lado a otro como si fuesen bolas de billar sobre el tablero de esa Europa que tanto nos enorgullece… y que quizá debería avergonzarnos.

Hablamos de ello, tal vez incluso llegamos a empatizar con esas personas al conocer que son como nosotros, que tienen carreras universitarias, que tenían trabajos y un futuro por delante, y que todo ello se vio truncado por la guerra.  Hablamos de ello, sí pero no abandonamos nuestra zona de confort.

 

Mi experiencia sobre el terreno

La pasada semana sí tuve la ocasión de abandonar esa zona de confort. Visité un campamento de ACNUR en Ghana para rodar con Pop UP un Branded Content que próximamente verá la luz en TV, de momento no debo contar mucho más.

camiseta acnur

Más allá de la experiencia profesional, este viaje (con mucho) ha supuesto para mí la mayor lección personal que he recibido en mi vida fuera de España.  Hablas con los refugiados y descubres gente brillante y talentosa que sin embargo parecen languidecer lentamente.  Es comprensible.  ¿Qué futuro es el tuyo cuando no puedes volver a tu país porque pondrías en riesgo tu vida y la de tus hijos? ¿A dónde vas cuando hay cincuenta millones de refugiados en el mundo y los cupos de acogida de los países desarrollados son pírricos?

Hablas también con profesionales que entienden de geopolítica y comprendes que en el origen del problema no está tan solo la violencia motivada por diferencias étnicas, políticas o religiosas.  Si Africa es un polvorín permanente, en parte se debe al desinterés de Occidente, más ocupado de esquilmar sus ingentes recursos naturales que en ayudar a su pacificación y desarrollo.

Basta una semana allí para entender que la descolonización de los cincuenta en Africa es pura fachada:  quien manda en Congo, en Mali, en Burkina Faso, en Ruanda, en Costa de Marfil… son oligarquías sostenidas de forma interesada por las economías occidentales.  Y dicho sea de paso, decir esto no me sitúa a la izquierda ni a la derecha.

 

Héroes

Los primeros héroes de esta historia que he vivido son los refugiados.  Solo una raza portentosa puede soportar la crueldad de caminar cientos de kilómetros con la muerte acechándoles, para terminar habitando un campo de refugiados en condiciones lamentables.

Los segundos héroes son los cooperantes de ACNUR.  Me refiero a quienes trabajan a pie de campo (y dejo a un lado mis opiniones personales sobre la cúpula directiva de las Naciones Unidas).  Los cooperantes son gente trabajadora y empática.  Conociéndoles me doy cuenta de una gran contradicción: tal vez son conscientes de que su trabajo solo  parchea un gigantesco problema.  Aun así, dan el doscientos por cien a nivel físico y emocional.

 

 

Darles pescado

Imagen procedente de desmotivaciones.es

Imagen procedente de desmotivaciones.es

Hablo de un parche porque distribuir alimentos de subsistencia entre los refugiados no contribuye a construir un futuro para ellos.  Darles un pescado, como dice el proverbio chino, no es la solución.

Solo les mantiene vivos.  Viviendo una vida infrahumana. La verdadera solución radica en enseñarles a pescar, facilitar su desarrollo autónomo fuera de los campamentos.

 

 

Enseñarles a pescar

Esas políticas de desarrollo autónomo son el pilar más desconocido de la actividad de ACNUR y el que personalmente me ha hecho regresar a Madrid con algo de esperanza.

En el campo conocí a J. (no voy a escribir su nombre ni publicar mi foto con él porque estaría comprometiendo su seguridad).  J. es un tipo con formación universitaria, que habla tres idiomas mejor que yo y que a los dos años de residir en el campo, comprendió que si quería labrar un futuro para sí mismo, su esposa y sus cuatro hijos, debía aprender a pescar.  Salió del campo, buscó la convalidación de su titulación como profesor de idiomas, y  comenzó a dar clases en una pequeña localidad junto al campo de refugiados.  Hoy está esperando su permiso de trabajo para abandonar definitivamente el campo y trasladarse a la capital con su familia.

Este es el destino deseable para los refugiados,  pero es sumamente difícil.  Tan sólo una de cada diez familias lo logran.  En eso está ACNUR: en estimular la autonomía de esas familias para darles acceso a un futuro digno.  Que es lo que merecen: igual que tú o que yo.

 

Se puede ayudar

España es el país del mundo donde ACNUR obtiene mayores donaciones procedentes de ciudadanos.  Donar diez euros al mes para nosotros no supone mucho.  Pero sumar trescientos mil donantes privados en España que aporten cada uno de ellos esos diez euros mensuales está permitiendo que ACNUR comience a desarollar estos programas.

Puedes ayudar a hora mismo, es tan fácil como suscribirte aquí.  No podía esperar a que se emita el programa para compartir esto con vosotros.

Saludos a todos.

 

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