1 de Enero de 2.020… [Epílogo de BIG BROTHER IS DEAD]

Epílogo del libro “Big brother is dead, el día que el consumidor hizo callar a las marcas”

1 ENERO 2020

1 de enero de 2.020.  Suena el despertador.

Aún resacoso por la fiesta de Nochevieja, me pongo en pie y enciendo mi tablet de seis pulgadas.  Tecleo mi contraseña y Facebook, que se abre automáticamente, me muestra que tengo varios mensajes en mi bandeja de entrada. 

Primero un correo de un amigo que me envía links a unas fotos de su fiesta de anoche.   Una de las personas me suena pero no sé de qué, hago click en su rostro y accedo a su perfil en Google.  Como es año nuevo y hay que ser sociable, le dejo una invitación para contactarme en el futuro.

Luego, mientras me preparo un café, veo en la pantalla LCD de la pared de la cocina un tráiler 3D del último estreno de Tom Cruise, que a sus sesenta años sigue en plena forma.  Me atrae mucho la película y al terminar el trailer hago click con el mando a distancia en un link de compra de entradas con cargo a mi cuenta de teléfono.  Selecciono el cine, la sala y la hora y quedan reservadas para esta tarde.

Conecto los altavoces wifi del cuarto de baño para escuchar la radio mientras me afeito.  Alka Seltzer patrocina un debate con especialistas sobre los excesos de la Nochevieja con la comida y el alcohol.  Al final un portavoz de la marca da unos consejos prácticos para superar la resaca y ofrece un link a su web donde puede solicitarse una muestra gratuita del producto.

Cojo el Metro para irme a comer con la familia.  Como no suelo utilizar nunca el Metro, no tengo abono, pero paso la pantalla de mi tablet por el torno de la entrada y automáticamente puedo entrar: el coste de un billete se carga a mi cuenta de PayPal. 

Mientras espero en el andén, escucho a The Killers en Spotify: su octavo disco ha disipado las últimas dudas existentes de que son los Beatles de este siglo.  Desde hace años todas las instalaciones del Metro tienen perfecta cobertura para utilizar el móvil en el subsuelo y gracias a los altavoces inalámbricos, la señal que recibo del tablet es perfecta. 

Una valla holográfica e interactiva en el andén me llama la atención.  Se trata de una Escuela de Idiomas que me ofrece de forma gratuita un traductor digital inglés/español.  Interesante.  Conecto mi dispositivo bluetooth y a los pocos segundos ya tengo la aplicación.

Durante el viaje, aunque son pocas estaciones, me canso de los Killers y me meto en la página de Eurosport para seguir en directo el concurso de saltos de trampolín.  Al final tanto salto me marea, apago el tablet, pliego los auriculares y los guardo también.

Entro en casa de mis padres donde encuentro más jolgorio de lo que mi dolor de cabeza puede soportar, pero sonrío y reparto besos y abrazos.  Me siento delante de la tele mientras papá asiste entusiasmado al concierto de año nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena.  Le veo tan interesado que cuando deja la habitación un momento, hago click en con el mando a distancia en un hipervínculo de la pantalla y hago un pedido de un DVD/documental del concierto con contenidos extra.  Lo cargo a mi móvil y cuando vuelve a entrar en el salón me hago el sueco: papá lo recibirá bien empaquetado la víspera de Reyes.

Después de comer me despido porque se me echa encima la hora del cine.   Retiro las entradas de un cajero con el código almacenado en el tablet.  Mientras esperamos para entrar, mi operador de telefonía, que acaba de enterarse que estoy en el cine, me envía como regalo de año nuevo, un código válido para unas palomitas gratis.  Me apresuro a recogerlas antes de que la peli empiece.

La película ha estado bien.  Más de lo de siempre, pero entretenida.  Me guardo mis gafas 3D y salimos a la calle.

De regreso a casa en taxi, curioseo en el tablet el Canal Cocina para ver si me inspiran con la cena.  Emiten un publireportaje personalizado a mi perfil de cliente en el que me ofrecen un juego interactivo de cómo aprender a cocinar.   Parece divertido, así que me descargo una demo que veré más tarde.

Mientras la demo se descarga ojeo LinkedIn en otra ventana.   Veo que he recibido varias felicitaciones de año nuevo y una invitación de mi banco para unirme a una Comunidad de Profesionales del Marketing.  Suena interesante: conferencias, viajes, contactos, así que me doy de alta.

Bostezo.  Ahora mismo doy gracias de que hoy sea una noche más tranquila.

Me meto en la cama y apago la luz.

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